En el ternero, el reflejo de la succión aumenta la actividad de la pepsina y de la renina. La esterasa salivar continua actuando por algún tiempo en el abomaso de los terneros lactantes.
La gastrina, una hormona que estimula la secreción de ácido y de agua pero no de pepsinógeno; se secreta en el antro pilórico en los animales monogástricos, a diferencia de los bovinos donde se secreta tanto en la región pilórica como en la región fúndica del estómago.
La actividad enzimática del estómago está dirigida a la digestión de las proteínas principalmente. El ácido clorhídrico provee la acidez necesaria para que el pepsinógeno se convierta en
. La esterasa salivar continua actuando por algún tiempo en el abomaso de los terneros lactantes.
La gastrina, una hormona que estimula la secreción de ácido y de agua pero no de pepsinógeno; se secreta en el antro pilórico en los animales monogástricos, a diferencia de los bovinos donde se secreta tanto en la región pilórica como en la región fúndica del estómago.
La actividad enzimática del estómago está dirigida a la digestión de las proteínas principalmente. El ácido clorhídrico provee la acidez necesaria para que el pepsinógeno se convierta en
pepsina, enzima proteolítica que en medio ácido cambia las proteínas nativas y bacterianas en compuestos mas simples como proteosas y peptonas.
Otra enzima gástrica es la renina, que en presencia de calcio precipita la caseína de la leche para formar un coagulo de paracaseinato de calcio. Esta coagulación permite que la caseína quede detenida en el estómago el tiempo suficiente para ser atacada por la pepsina y obtenerse así una mejor digestión de esta proteína. -  Debe recordarse que durante las primeras horas después del nacimiento, el intestino del ternero es permeable a las proteínas sin ningún grado de degradación ni de resíntesis. Esta absorción ocurre por un proceso de pinocitosis (microfagocitocis) y es el mecanismo mediante el cual el plasma puede obtener intactas las gamaglobulinas procedentes del calostro. 
Esta condición es vital para la supervivencia del neonato ya que mediante este proceso se obtiene la inmunidad pasivamente adquirida de la madre. En consecuencia, es de suponer que durante éste periodo, la actividad proteolítica de las secreciones gástricas, pancreáticas e intestinales es deficiente o ausente.
La digestión en el intestino se realiza principalmente en el primer segmento (duodeno) en donde se vierten la bilis y el jugo pancreático, además del jugo intestinal. Las enzimas de estas secreciones actúan mejor en medio alcalino, de modo que la bilis alcaliniza el contenido ácido que llega del estómago.
El páncreas secreta una enzima proteolítica inactiva (tripsinógeno) la que se activa en presencia de la enterocinasa secretada por el duodeno.
Hay sustancias con actividad anti enzimática como una presente en los granos de soya y de otras leguminosas que inactiva la tripsina pancreática. Estos granos deben ser cocidos o tostados antes de suministrarse a los animales ya que el calentamiento inactiva la anti enzima.
Se presume que la absorción intestinal del rumiante es similar a la de los animales monogástricos. Rastrear los aminoácidos y otros ingredientes de la proteína en el intestino de los rumiantes es complicado debido a que una enorme cantidad de proteína presente en el intestino procede de los jugos digestivos secretados por el propio animal y de células de descamación de las paredes del T.G.I.
La mayoría de los estudios indican que los productos nitrogenados se absorben a todo lo largo del intestino delgado. Los aminoácidos y los azúcares simples pasan por los vasos de la vena porta para llegar a los sinusoides hepáticos y de ellos a la vena cava caudal para integrarse a la circulación general. El hígado juega un importante papel en la síntesis de proteínas y de glucógeno. Por lo tanto, a su paso por los sinusoides hepáticos, las células epiteliales captan grandes cantidades de aminoácidos para construir con ellos proteína endógena para el organismo.
La absorción de las grasas se realiza mediante pequeños vasos linfáticos (quilíferos) de las paredes del intestino. Fluyen por los troncos linfáticos en estado de quilo para ser vaciados a la circulación por medio de la cisterna magna y de allí al conducto torácico que finalmente descarga su contenido en la vena cava craneal o en una de las yugulares.

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